Hace poco más de un mes nos reunimos toda la familia política en casa de mis suegros para celebrar el cumpleaños de mi suegro y el mío. Estaban mis suegros, cuñados, sobrina, amigos de la familia... y nuestra pequeñina en la pancita de su mamá. Invariablemente uno de los temas de conversación versó sobre cuando nacería la niña. La fecha prevista por los ginecólogos era a principios de diciembre y habíamos acordado con mi cuñada que unos días antes me iría a su casa las noches que trabaja el marido, para que no quedara sola y sin coche que la pudiera llevar a la clínica si se adelantaba el parto. Quedamos que una vez cumplida la semana 37 comenzaría a ir a su casa. Los amigos, ojo avizor comenzaron a especular sobre la fecha de parto, si me tocaría hacer de comadrona improvisada o no, etc. Entre tantas risas alguien comenzó a anotar las fechas que cada uno dábamos para el nacimiento. Los más previsores apuntaban hacía la fecha indicada por los ginecólogos, otra decía que el día de su cumpleaños y yo me adelanté a todos y predije el 25 de noviembre, casi dos semanas antes de la fecha prevista...
El viernes pasado, día 25, mi cuñada fue a revisión por la mañana. Todo estaba correcto, dilatación de 2 centímetros, niña alta, nada indicaba que se fuera a producir el parto inminentemente... hasta que a las 5 de la tarde nos llamaron para avisar que se iban a la clínica: habían comenzado las contracciones después de comer y ya las tenía cada 5 minutos. Dos horas más tarde llegaba mi sobrina y ahijada al mundo. Fue un parto rapidísimo, sin apenas tiempo para sentir dolor (gracias también a la epidural) y tras el que madre e hija querían irse a casa lo antes posible pese a todos los mimos que recibieron en la clínica. ¡Qué diferente debe ser tener un parto fácil y rápido o uno largo y agotador! Mientras que con el primero no ves la hora de volver a casa, con el otro debes desear que te mimen mucho, mucho tiempo.
Ambas están en casa, parece que está habiendo problemas para instaurar la lactancia materna y le mandé a mi cuñada los contactos con varios grupos de apoyo cercanos a su casa. No tengo suficiente confianza con ella para tratar un tema tan delicado, pero me temo que esta niña será criada con biberones, pese a que su hermana sí lactó. Hubo problemas ya en la primera noche, la niña se cansaba de succionar y lloraba de hambre. Con un pequeño biberón se calmó y durante el día siguieron intentando que se enganchara. Hubo complicaciones (sangrado del pezón), la leche no subía, la niña tenía hambre y llegaron más biberones. Espero que con la experiencia de la primera hija y la de la madre/abuela lo consigan, pero esta semana aún no había subido la leche y siguen los biberones...
Espero no adivinar el triste final de esta historia, ya adiviné el día de nacimiento, ahora me tocaría adivinar el número del gordo, ¿no? y que mis aciertos sean todos positivos!
2 comentarios:
Ojalá consiga mantener la lactancia. Me alegro de que haya ido rápido y bien. Enhorabuena tía.
Muchas gracias Mamá mimosa.
Al final también fui adivina con el final de la lactancia materna... es una pena pero es algo tan personal que es mejor no intervenir más de la cuenta. Ahora lo importante es que madre e hija están bien.
Publicar un comentario en la entrada