Ayer quedamos a comer algunas de las compañeras que hicimos los cursos a principios de año. Desde antes del verano no nos veíamos y la cita se iba posponiendo hasta que finalmente ayer cuadramos nuestras "apretadísimas" agendas de buscadoras de empleo. Tras contarnos nuestras penas y alegrias sobre la por ahora infructuosa búsqueda de empleo una de las chicas nos contó una anécdota que le acababa de pasar en la OTG.
Resulta que detrás de ella llegó una mamá reciente con coche gemelar, los niños ya iban nerviosos y viéndoselas venir le pidió al guardia que da los números si la podían atender rápido, a lo que le dijo que hablaría con las oficinistas para que la hicieran pasar. Pasa el tiempo y los niños comienzan a llorar, cansados de la espera. Le toca a nuestra compañera y mientras la atienden entra la madre con los niños llorando. La reacción de la funcionaria fue recriminar a la chica que llevara los niños, que hacían mucho ruido y así no se podía trabajar, que es una oficina pública y estaba molestando a los demás usuarios... y la pobre madre aguantando y callando, hasta que dice que pidió que la dejaran pasar cuando los niños aún estaban calmados (el guardia no dijo nada o las funcionarias hicieron oidos sordos), que el padre no había podido (o querido) ocuparse de los niños y tuvo que llevarlos con ella. A la segunda funcionaria lo mismo... que ese no es sitio para niños, hasta que se levantó alguien y la ayudó a calmarlos. Con lágrimas la madre agradeció el gesto, disculpándose por el escándalo de los niños.
Nos quedamos a cuadros, ¿cómo un servicio público que atiende a personas sin empleo puede tener a su frente a gente capaz de vilipendiar a alguien de esa manera? Claro que el llanto de un bebé molesta, pero si estás ahí será porque no tienes empleo y si no lo tienes no tienes cómo pagar una canguro que se ocupe de los niños para que no "molesten" a la funcionaria de turno... ni para la guardería. Y si encima el padre se desentiende o no puede ocuparse, no los dejarás solos en casa... o acaso hay que dejarlos en la puerta de la oficina como a los perros para que no "molesten".
Mientras reflexionábamos sobre el suceso me vino a la memoria cuántas veces en el médico ves que llega la madre a visitarse con los niños, ya sean bebés o acaben de salir del cole, y en ningún caso he oído al médico quejarse de que la madre vaya con ellos, pero visto lo visto cualquier día cuelgan un cartelito de "niños no".
2 comentarios:
Triste, ¿verdad? ¿Qué sociedad estamos construyendo? Vamos para atrás, como los cangrejos.
Totalmente indignante. Y no deja de sorprenderme que las funcionarias, mujeres, y quizás madre de alguna criatura, hayan tenido tan poca empatía...
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