jueves 22 de septiembre de 2011

El paraíso

Hace unos días descubrí el paraíso, mi paraíso particular en esta ciudad. Estaba convencida de que aquí no habría lugar similar, que a nadie se le habría ocurrido o que simplemente no funcionaría. De hecho, cuando hice el curso de proyecto de empresa, me basé en esta idea... cuán equivocada estaba!

El paraíso en concreto es una mercería por fuera y una puerta abierta a la creación por dentro. Es lo que siempre imaginé que debería ser: tienda para vender y trastienda con mesa enorme para enseñar y aprender. Enseñan de todo, y como dice Arjona de las mujeres "lo que nos pidan podemos, si no podemos no existe y si no existe lo inventamos". Por lo pronto tienen cursos de bisutería, confección, fieltro, ganchillo, bolillos, tapicería, patchwork, punto de cruz, swaroski, etc. Por lo que le entendí a la chica pagas un tanto al mes por 2 o 4 horas la semana y vas a lo que quieres, ya sea guiado para una labor en particular o para aprender otra técnica. Para los tapices, bolillos y la confección hay horarios concretos y lo hacen en otro local más grande que consiguieron ahí al lado, porque las clases las imparten artesanos contratados para ello. Para el resto vas cuando quieres siempre que esté la chica que lleva el tema.

Conforme me iba explicando se me iban abriendo cada vez más los ojos y mi cabeza iba a mil para ver si podría encajar el gasto en nuestro presupuesto de parados, porque hay cosas, como los bolillos, que llevo años detrás de algún curso donde no te miren por encima del hombro por ser menor de 60 años y presentarte con el curso empezado. Y el patchwork alguna vez me lo planteé también, pero la costura no es lo mío, así que ahí queda aparcadito. Lo que sí me estoy planteando es apuntarme por un mes o dos, que me ayuden con mis proyectos y quizá probar los bolillos, que no te piden que lleves tu propio mundillo (almohadón para bolillos)el primer mes, hasta que ves si te gusta o no realmente (es que no son baratos precisamente...).

Finalmente, algo que valoré por encima de todo: son simpáticas! La mercería a la que solía ir (por cercanía) tiene a las dependientas más estiradas y acartonadas que me he cruzado nunca... claro que aquí no es muy difícil, si es que a quien se le ocurre esperar que te devuelvan el saludo? o que abran un sábado? o el lunes por la mañana? así que para qué esperar una sonrisa o un poco de charla...

1 comentarios:

Mama mimosa dijo...

Conocí una tienda así este verano cuando estuve de viaje en Salamanca, aunque allí la temática se reducía a abalorios para hacer cadenas, pendientes, pulseras, etc. Es una gran idea que además de vender, enseñen a la gente a hacer cosas.